Los comisarios de la exposición "Baserria. Madera, piedra, mito, presente" premiados por un proyecto de rehabilitación rural
La publicación gira en torno a la relación de este tipo de arquitectura con el paisaje. El caserío, edificio emblemático del entorno rural y cada vez más deshabitado por la migración a entornos urbanos, sufre las consecuencias de un creciente desplazamiento poblacional. Sin embargo, desde la arquitectura, los profesores evalúan la habilitación del caserío rural como una solución posible para la crisis de vivienda y como manera de conservar el patrimonio del territorio. «Lo que no puede ser es que ciudades como San Sebastián estén saturadísimas y a 15 minutos haya construcciones como estas que estén abandonadas», enuncia Telleria en una entrevista en la Escuela de Arquitectura en la UPV. Aunque habitar el entorno rural responde a preferencias personales e implica consecuencias en el ámbito del transporte y eficiencia energética, los esfuerzos por descubrir los principales obstáculos y beneficios derivados de este tipo de vivienda acercan la posibilidad a una ciudadanía que en circunstancias normales no contemplaría la opción.
La monografía, titulada 'Rehabilitación de la arquitectura tradicional rural', comprende la «problemática concreta que existe en los caseríos, que tiene que ver con conseguir el confort que hoy en día se exige, pero a la vez teniendo en cuenta las peculiaridades de ese tipo de estructura. No se puede coger las características urbanas y aplicarlas directamente a esas arquitecturas», afirma Arcaraz. Uno de los principales retos a la hora de habilitar los caseríos es el aislamiento: los edificios tradicionales transpiran, cosa que no suele ocurrir en la arquitectura urbana. «Muchos de los aislamientos que se colocan en la ciudad son derivados del petróleo. Independientemente de sus efectos contaminantes, son casi como plástico. Entonces, no transpiran, lo que causa que el agua se condense en los muros de estas edificaciones y genere patologías», aclara Arcaraz.
La conservación del patrimonio rural tiene que ver con la relación con el paisaje que proponen Telleria y Arcaraz, y con la amplitud de miras a la hora de enfrentar trabajos como este. «Hace falta considerar la hidrotermia, la inercia, la temperatura… conceptos que deberían, bajo nuestro punto de vista, ser considerados bajo la nueva norma. No se trata solo de llegar a unas soluciones basadas en las que se están llevando a cabo en las ciudades».
En la contabilización actual de este tipo de construcciones en el País Vasco, el número supera el millar. «Muchos de ellos podrían reutilizarse», concluye Telleria. «Y además, crean una estructura en el paisaje. Si esa estructura desapareciera, faltaría algo esencial en nuestro territorio».
Recordaros qué la exposición "Baserria. Madera, piedra, mito, presente" que pone en valor el patrimonio construido en el medio rural en Euskadi, acentuando sus valores arquitectónicos. se puede visitar en el Centro de Interpretación de Igartubeiti.
¡Gracias por todo el trabajo realizado y enhorabuena por el premio!

