Apicultura: ahumador de abejas y colmena

 

 Fuente: Igartubeiti Baserri Museoa. 

¿Qué son estas piezas?

El ahumador de abejas es una de las piezas de la colección del etnógrafo donostiarra Josu Tellabide, vendidas en 2015 a la Diputación Foral de Gipuzkoa. La pieza tiene su origen en el caserío Lukainkategi del barrio de Lugaritz (Donostia-San Sebastián, Gipuzkoa) y con ella, la colección también cuenta con otras piezas ligadas a la apicultura. En cuanto al funcionamiento del objeto, el fuelle da aire al recipiente de chapa de hierro en el que se ubica el combustible. De su extremo sale el humo que se utilizará para calmar a las abejas y hacerlas más dóciles cuando se quieran sacar los panales.

Fuente: Gordailua. 

La colmena, por su parte, pertenece a la colección del etnógrafo Fermín Leizaola. También donostiarra, ha donado a la Diputación Foral de Gipuzkoa casi 5000 objetos, siendo la pieza expuesta perteneciente a esta colección. Se trata de una pieza realizada en Erratzu (Baztan, Navarra) y de hecho, no está terminada, ya que las colmenas en forma de cestas se cubrían con arcilla o estiércol a modo de aislante. Sin embargo, es un ejemplo perfecto para valorar el tiempo y el trabajo que dedicaban a la preparación de este tipo de panales, más aun sabiendo que después no se iba a apreciar el laborioso trabajo de cestería.

Fuente: Gordailua. 

La importancia de la apicultura y su relación con el caserío

Las abejas son imprescindibles para mantener el equilibrio de nuestro entorno natural. Mediante la polinización llevan a cabo la reproducción de la vegetación, convirtiéndose así en un factor indispensable para la supervivencia del ecosistema.

Estos insectos tienen una estrecha relación con el caserío, y muestra de ello es que hace décadas casi todos tenían colmenares en ellos. Colocados en el interior del caserío, bajo algún refugio, en la huerta o en la ladera del monte, se realizaban en diferentes materiales y formas, aunque las más frecuentes eran aquellas colmenas hechas en madera y tallos vegetales de diferente origen.

Entre los productos que producen las abejas, tradicionalmente han predominado dos en los caseríos vascos: la miel y la cera.

  • La miel: Cuando hablamos de la presencia de la miel en los caseríos vascos debemos tener en cuenta que el azúcar llegó a estos a partir del siglo XVII y que hasta entonces la miel era el principal endulzante disponible. Siempre ha sido muy apreciada y en el pasado también se le atribuían cualidades curativas y medicinales. Además de la miel, tradicionalmente el aguamiel o hidromiel también ha sido un producto conocido. Se trata de una bebida alcohólica fermentada elaborada a partir de la mezcla entre agua y miel.
  •  La cera: Además de la miel, otro producto que era muy apreciado entre los habitantes del caserío (y sigue siéndolo) era la cera. En aquellos tiempos en los que los candiles y las velas eran la única forma de iluminación nocturna, la producción de cera era imprescindible. También se utilizaba para fabricar ungüentos y jabones, encerar muebles y suelos e impermeabilizar maderas y pieles. Además, también era esencial para la creación de una pieza relacionada con los ritos funerarios: la argizaiola. La argizaiola es una talla antropomorfa de madera, normalmente vinculada a la familia, la casa, los difuntos y su recuerdo, y su función simbólica es la transmisión del fuego doméstico, ya que se utilizaba para iluminar los ritos funerarios.

 

Fuente: Euskonews. 

También cabe destacar el aspecto simbólico de las abejas, considerado un animal sagrado entre los vascos y vascas. Hay muchas tradiciones y creencias en torno a ellas, como la de comunicarles la muerte de algún familiar de la casa. Además de las abejas, existen documentados casos de notificación de fallecimiento a otros animales domésticos. Sin embargo, no es una costumbre muy practicada, ya que el resto de los animales no tienen el carácter simbólico ni práctico de las abejas (en la medida en que no hacen cera). De ahí que se considere a la abeja, en comparación con el resto de animales del caserío, como un animal de categoría superior, y de ahí viene la extraordinaria manera de dirigirse a ellas.

La evolución de la apicultura en el País Vasco y su situación actual

La abeja ha sufrido profundos cambios en su forma de explotación. Los panales tradicionales y sus técnicas de elaboración han sido sustituidos por otros más modernos, lo que ha alterado radicalmente la relación entre las zonas rurales y las abejas. Se han tenido que tomar medidas para hacer frente a los desafíos y peligros que comprometen la supervivencia de las colmenas, y poco a poco la apicultura se ha ido ampliando y modernizando.

Los profesionales y aficionados cuidan a las abejas con una información cada vez más profunda, pero, a pesar de ello, esto no ha conseguido mantener el vínculo que sobre todo los habitantes de zona rurales mantuvieron con las abejas en el pasado. Técnicas tradicionales, utensilios, formas de trabajo, hábitos, creencias y hasta la terminología han desaparecido en pocas décadas, pudiendo decir que ha habido cierto desarraigo. Este desarraigo tiene su origen en la ruptura que se ha dado entre la sociedad y nuestra tradición, ya que lo que hace 70 años era una parte importante de nuestro patrimonio cultural hoy nos resulta extraño. Estas prácticas todavía son recordadas, vagamente, entre las generaciones más mayores, pero ya han desaparecido casi todas.

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